Entrevista para «Voces» de Acción Cívica Córdoba.

En el marco del Día Mundial en Recuerdo por las Víctimas de  Tránsito fue entrevistada para el espacio de la Asociación Civil » ACCIÓN CIVICA- CÓRDOBA» nuestra actual presidente Mgtr. Marcela Alfaro.

VOCES
Entrevista a Mgtr Marcela Alfaro, Presidente del Foro de Familiares de Víctimas de Siniestros Viales. Agradecemos su aporte a la toma de conciencia sobre este flagelo.
Presidente Asociación Civil Foro de Familiares de Víctimas de Siniestros Viales Provincia de Córdoba

Entrevista para Acción Cívica Córdoba.

1 ¿Qué nos podrías decir Marcela, sobre qué es la Seguridad Vial y qué papel cumple en nuestra sociedad?
La realidad del tránsito vial es un aspecto inevitable y necesario ya que los sujetos humanos que conformamos una sociedad, cualquiera esta sea, debe sin otras posibilidades, desplazarse de un lugar a otro. Para ello contamos con un organismo dotado de un sistema de locomoción que en los tiempos modernos se ha visto mejorado por el uso de tecnologías que lo favorecen. El tránsito constituye un derecho: el de la movilidad.
En la actividad cotidiana del transitar, se observan y evidencian ciertos aspectos: por un lado es lo que permite salir de un adentro- interno, supuestamente familiar, propio e individual, a un afuera- colectivo, social. Se produce un desplazamiento que obliga a pasar de un yo a un nosotros. Se transita de un espacio privado a uno público.
El acto de transitar manifiesta lo subjetivo del que transita, al hacerlo muestra su propia subjetividad, (se puede observar cómo lo realiza y qué deja traslucir en ello). Construye un colectivo, que está pautado por prácticas normatizadas, construido por reglas que tienden a crear el orden que debería posibilitar la convivencia pacífica entre los miembros de una comunidad. La acción de transitar es una construcción “entre todos” con un estilo vial que varía de un lugar a otro. En el mismo lleva a cabo un proceso de intercambio, es decir la interacción de sujetos individuales en un espacio común que es público. Es tan natural transitar que no se reflexiona en ello. Nacemos moviéndonos, aprendemos a manejar los sistemas biológicos con los que fuimos dotados naturalmente, es parte de nuestro aprendizaje manejar nuestras capacidades. Nos trasladamos en los brazos de una madre o padre que nos carga en los primeros años, en un cochecito, en el triciclo luego, otros medios de transporte. Estamos familiarizados con los elementos que la tecnología nos provee para la mejora de estas capacidades. No es exclusivo de una clase social, cada contexto con sus particulares formas, estilos de tránsito, y medios con los que se apertrecha el hombre para satisfacer su necesidad de desplazamiento. El tránsito se produce por diversos intereses de sus actores: por trabajo, por salud, educación, diversión o uso del tiempo libre
El hecho de transitar tiene implicancias mucho más profundas que lo aparentemente visible. Hay una tendencia a la actuación de valores y representaciones que se anudan al mismo acto de transitar.
El tránsito entonces se inscribe en una acción elemental que está contemplado como un derecho que permite la vida desarrollarse. Es por ello que el mismo, tenga condiciones de “seguridad”.
La seguridad es otro derecho, que tiene como objetivo el resguardo del derecho fundamental que es la preservación de la vida. Es por ello que sostenemos que la seguridad vial es una cuestión de derechos. La razón de la importancia en cuanto a la seguridad vial radica en el hecho fáctico de los miles de fallecidos y heridos en el mundo por causa del mal uso de la tecnología y el espacio público que, de manera silenciosa nos va destruyendo o lesionando.
Los siniestros de tránsito como fenómeno multicausal y complejo han sido motivo de numerosas investigaciones -cuantitativas- en distintos países de América Latina y Europa. Esta pandemia mundial que anual y silenciosamente trunca más de 1,24 millones de proyectos de vida (con más de 3.000 defunciones diarias), que altera la cotidianeidad de aproximadamente 50 millones de otros proyectos con discapacidades de distinto grado o severas hasta el final de sus vidas, que casi un 50% de ellas no se trasladaba en vehículos, que afecta enormemente las economías no solo de esas víctimas y sus entornos familiares sino también afecta la de los países.
Existen numerosos estudios cuantitativos, los cuales han sido formulados dentro de paradigmas positivistas de tipo epidemiológico -particularmente abordados desde disciplinas médicas y psicológicas- en que se analizan factores objetivos de efectos mensurables. Con frecuencia, el factor humano está puesto en el centro de la atención y se asocia a los factores de riesgo relacionándolos con la presencia de alcohol, de sustancias tóxicas, malas condiciones climáticas, estado de los caminos, calles y rutas así como de los vehículos, velocidad en exceso y horarios en los que se circula. En las últimas décadas, la región de América Latina y el Caribe (ALC) se ha visto severamente afectada por el alto índice de mortalidad causado por los mal llamados “accidentes de tránsito” A la fecha, los siniestros viales son una de las primeras causas de muerte en la región, principalmente entre personas de 5 a 44 años. Esta situación es responsable de más de 100.000 muertes al año, y aproximadamente más de 5 millones de personas resultan lesionadas. En Argentina, dentro de este marco de investigación mundial, se evaluó la situación de la siniestralidad vial en el mismo periodo. En Argentina no es un problema menor sino que supone un promedio de 5400 vidas perdidas en el país en el año 2017 y 504 fallecidos en la provincia de Córdoba en promedio en el mismo año. La alta probabilidad de ser dañado o destruido en la vía pública muestra que el Estado no garantiza la seguridad a pesar de las normativas.
No parece desmesurado decir que nos enfrentamos a una “patología social” de carácter pandémico, en tanto ocasiona miles de muertos por año, lesionados graves y leves. Esto implica una problemática social que han tratado de abordar diferentes líneas políticas, a saber: políticas en salud pública que sólo asisten generando grandes costos a nivel sanitario al país; políticas en seguridad para prevenir y controlar siniestros; políticas legislativas y jurídicas en cuanto al uso o interpretación que se hace de las leyes; políticas educativas para la internalización de las normas y los valores de convivencia e interacción de los unos con los “otros”.
Es por ello que el tercer domingo de noviembre fue establecido por la ONU (2005) como una forma de visibilizar las muertes y lesiones por los mal llamados accidentes. “Día Mundial en Recuerdo de las víctimas de Tránsito” el cual pone en énfasis: reconocer el trabajo de los servicios de emergencia; poner atención sobre las respuestas legales que generalmente son insuficientes a las muertes y lesiones culposas: abogar y propiciar un mejor apoyo a las víctimas de tránsito y sus familiares; promover acciones basadas en evidencia para prevenir y si es posibles detener más muertes y lesiones por los mal llamados accidentes. Estas acciones internacionales son un modo de poner un marco a la pérdida o lesión grave en el tránsito y tratar de que constituyan puntos en las agendas de los Estados.
Más adelante instituyen el decenio de “Acción para la seguridad vial 2011- 2020” declarado en Marzo de 2010, tenía como propósito: salvar vidas, capacitar en la gestión en seguridad vial, mejorar la seguridad en infraestructura. Cada año se profundiza más el compromiso con la causa y se trata de incidir en las políticas para que sea enmarcado.
2 ¿Cuáles son las medidas que deberían implementarse para reducir los siniestros viales, tanto para los ciudadanos como por el Estado?
Las medidas que se pueden tomar desde nuestro humilde lugar es pensar a la seguridad vial como algo integral, un problema de Estado, que afecta a varios ministerios: seguridad, educación, salud y en las prácticas jurídicas. No somos nadie para decir que tenemos una posición de verdad o una solución puesto que debe ser considerado y abordado por varias disciplinas científicas. Creemos de manera lógica que debería ser igual en cualquier lugar en donde ocurren, que haya un registro único de infractores y homicidas, que se les dé la posibilidad de re- pensarse cuando no matan ni dañan gravemente y que cuando lo hacen tenga la posibilidad de hablar a los sobrevivientes o damnificados, que puedan dejar traslucir su propio dolor. Consideramos que debería haber programas para rehabilitar vialmente a las personas que cometieron delitos viales personas.
Las normas existen, la pregunta es por qué no se cumplen. Eso es algo que para nosotros como asociación civil nos interroga. Hablo en relación a nuestro país y nuestra Córdoba. Por ello es que consideramos imprescindible y es parte de nuestros objetivos: la investigación seria en la materia. No sólo estudios de tipo cuantitativo, porque sumar muertes o lesionados no es política sino una referencia para hacer políticas, sino saber cómo transitan diversas subjetividades en diversos escenarios. Políticas que se tienen que adecuar a cada contexto. No es lo mismo una zona rural que una ciudad o una gran ciudad. Implica estudios que hagan posible intervenciones socio comunitarias a nivel informal que no sean proclamas sino acciones concretas para generar reflexión frente al hecho que transitar es inevitable. Y a la vez es evitable los errores que cuesten un miembro del cuerpo o un miembro de una familia por desidia o inacción o el olvido calculado de los estados como se refiere la filósofa contemporánea Judith Butler en cuanto a las violencias, los duelos y la condición de ciertas personas de ser llorados o no; de ser considerados dignos de duelo o no. (J. Butler: 2008).
También son necesarios cambio en el código penal que estén de acuerdo a los tiempos que vivimos y no quede tan expuesto al poder discrecional de los jueces. Los familiares de víctimas, y los lesionados graves están en manos de la tutoría del poder público. Más allá que se constituyan en querellantes con abogado propio, depende del poder fiscal. Tenemos una política criminal que en este tipo de delitos se percibe como un olvido calculado de los Estados. El “olvido calculado del Estado “ es una expresión acuñada en el análisis crítico a los contextos de guerra y la selección que sin reflexión hace el poder determinando qué es delito y qué no, que es digno de ser llorado o qué no. Por ello es necesario crear marcos de reconocimiento de tal manera que como humanos podamos aspirar a la igualdad y a la justicia como un bien para cada ciudadano. Para ello llegar a un debate oral y público es la posibilidad de deslindar culpabilidades y os aseguro que es una manera de pacificar en cuanto se hizo todo lo que se pudo ante el arrebato y sacrificio gratuito de un pedazo de uno mismo cuando pierde una función o miembro del cuerpo; así como cuando se pierde un miembro del grupo familiar que no se sustituyen, son y están irremediablemente perdidos. Llegar a la subjetivación de la perdida es un recorrido complejo en donde faltan las palabras.
Para nosotros es imprescindible ir a terreno y ver cómo interactúan, qué dicen los actores de ese lugar, sea un barrio, una localidad en el caso del interior. Es imprescindible el compromiso de los gobiernos municipales, actores sociales e instituciones primarias como policía, defensa civil, bomberos; protocolos unificados en este tema. Cuando pasa un siniestro vial, son los primeros y deben saber que de sus acciones depende la vida de los damnificados directos, y en su defecto de sus sobrevivientes.
3 ¿Consideras que se deberían hacer más campañas de concientización? ¿Qué papel cumplen los medios de comunicación?
Me parecen muy importante las campañas de concientización, pero tienen el defecto de no ser constantes, creo que parte de la época que vivimos, que todo es rápido, instantáneo… en ese punto el Covid paró el mundo y se pauso la prisa. De todas formas aumentó el hecho que debemos ser rápidos para comunicar porque necesitamos relacionarnos, re- inventarnos y re- crear.
Los medios de comunicación de masas tienen la capacidad de ser el instrumento para la visibilización e invisibilización de las problemáticas sociales y emergentes. En el caso de lo vial es crucial que comuniquen pensando en las palabras que se usan, no son “accidentes” son fallas de los que conducen de manera no normativa; son problemas de infraestructura, de educación y de legislaciones no precisas.

4¿Se debería incluir en la currícula escolar la Educación Vial? ¿Por qué?

Debería ser parte de la currícula puesto que somos peatones desde que aprendemos a caminar, luego actores de la vía pública. No solo en el sentido de saber las normas, sino en un discurso de derechos que tenga como base una nueva ética, ética humana que considere al semejante como mi reflejo. Al decir del filósofo Levinas, “el otro soy yo mismo, por mí misma condición humana”.
Lo que se aprende e interioriza desde pequeños hace que sean valores y principios que guíen el accionar futuro, cosa que se ha ido perdiendo con los tiempos.
Actualmente es un contenido transversal pero si lo piensan es muy útil para trabajar mucho elementos de instrucción cívica o como quieran llamarle. El punto a considerar como importante impartir educación vial en el sentido amplio, en donde además de las normas se resalten el valor de la vida humana, el respeto por el semejante por dicha condición, el cuidado de los demás anónimos por ser semejantes y el cuidado de uno mismo. Es pensar una ética del cuidado y la responsabilidad de uno mismo y los demás.
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