La palabra “accidente”obstáculo para la seguridad vial

La palabra “accidente “obstáculo para la seguridad vial

Mgter Marcela. A. Alfaro

 

El modo que el sentido común significa con este término, con el que se nomina a cualquier siniestro vial devenga o no en muerte, es con lo que se enfrenta cualquier intento de hacer visible el estado inseguridad en la vía pública.

Cotidianamente sufrimos accidentes, todos los tenemos por ser sujetos humanos y no máquinas por ende, aparece como algo que es perdonable, que no tiene responsabilidades o algo fortuito, de destino o mala suerte.

El “accidente” por ser aceptado e incorporado de manera irreflexiva parece determinar menor responsabilidad en las acciones o conductas en calles y rutas. Hablar de los hechos viales en general como “accidente”, denota algo casual, que no deviene de las conductas de los involucrados en el tránsito sino sugiere algo casual, azaroso.

Durkheim sostenía que “Las maneras de hacer y de pensar colectivas tenían, a su parecer, el poder de cristalizarse formando estructuras progresivamente más fijas y consolidadas en modos de ser colectivos”[1]

Siguiendo a Denise Jodolet, estas representaciones del “accidente”, debe ser contextualizado para tener un abordaje más holístico. [2](Jodolet. 2003) La autora sostiene que las representaciones sociales son formas de conocimiento social, donde los sujetos aprehenden mentalmente la realidad, de manera que fija posiciones tanto para los sujetos individuales como para los grupos en relación a situaciones, temas, objetos, comunicaciones que les competen. Al ser sociales, crean marcos de referencias culturales que están determinados por códigos, valores e ideologías, ligadas a pertenencias sociales específicas que se trasmiten no solamente, a través de intercambios comunicacionales entre miembros del mismo grupo u otros sino también por mentalidades, que pueden ser transformadas activamente dando un sentido a sus conductas. (1989)Son conocimiento práctico construido por otros previos, por creencias, tradiciones que varían de acuerdo a los contextos ideológicos, políticos o religiosos que permiten a los sujetos actuar sobre el mundo y con los demás, de esta manera las representaciones sociales aseguran su función y su eficacia social.

La alta incidencia que tiene en nuestro país los “accidentes” por mala conducción de vehículos e incumplimientos de las normativas vigentes está normalizada al ser común, de todos los días, como si fuera natural.

La noción de “natural” se aplica a formas de decir (el lenguaje natural), de pensar (el pensamiento y la lógica naturales), de hacer (las prácticas cotidianas), que no obedecen a cánones científicos pero sin escapar a una regulación social. Lo que es natural parece normal. Los actos y los dichos espontáneos, que uno tiene adquiridos, revelan con frecuencia un orden social implícito se debe poner en evidencia. En nuestra sociedad moderna es común decir “ se mató en un accidente”, el modo de armar la sintaxis de esta frase habla de alguien que parece que deliberadamente quiso matarse, como si hubiera estado solo cuando en la mayoría de las causas participan otros actores de la vía publica en un hecho. Se naturaliza la muerte “accidental” como voluntaria, se saca la visibilidad de lo que sucedió como un hecho social que termino con la vida de un ciudadano en un espacio público. “Natural”, parece ser morir joven en un accidente por el alto índice de fallecidos de ese segmento. Ese modo de expresión, genera una serie de imágenes en relación a la representación de “ser y morir joven”, asociada a la idea de excesos: de alcohol, de drogas, de actuación de los impulsos, de inconsciencia; reforzados también por los horarios en que tienen lugar la mayoría de los siniestros (noche).

El carácter inconsciente de las construcciones sociales es una de las nociones que nos interesa rescatar para esta reflexión. El mundo en que vivimos es una construcción, los sujetos sociales no lo perciben como tal, viven o vivimos en un mundo en cuya construcción participamos activamente, creyendo que vivimos en un mundo que es así porque otros lo definieron así para nosotros, antes que nosotros o por encima de nosotros. Siguiendo esta línea, dice Moscovici que tal como lo observaran Mauss y Lévi-Strauss, “en la vida de las sociedades, las relaciones, creencias o instituciones muy raras veces se crean deliberadamente y reflexivamente. Esto es para decir que, las motivaciones y significaciones compartidas, al igual que las representaciones arraigadas en el lenguaje y en la cultura, no pueden ser enteramente conscientes, porque son el trabajo de una colectividad” (1993 b: 40) El desconocimiento de este hecho nos conduce a enfocar la vida mental como si ésta fuese transparente para uno y para los demás, creando un “obstáculo epistemológico para la comprensión de fenómenos sociales reales como la comunicación simbólica, normas, representaciones comunes, prejuicios étnicos o acciones colectivas. (…) las explicaciones se orientan hacia la intelectualización ignorando sus aspectos mnésicos y emocionales”[4]

Los sujetos crean su propia realidad proyectada a través de mecanismos que son inconscientes por eso no hay una realidad sino tantas como sujetos existan y todos participamos en su construcción. También el espacio vial es construido por las prácticas de los que circulan en él de acuerdo al derecho a transitar que les cabe. Parte de esta construcción en sus aspectos más negativos o destructivos se realiza con la misma nominación a través de una palabra, naturalizando.

La globalización se caracteriza por tratar de homogeneizar, de naturalizan sucesos y prácticas por medio de la instalación de pensamientos hegemónicos que imponen la idea de que las cosas “son como son” y no pueden ser de otra manera. Se generaliza el conformismo favorecido por los medios de comunicación que, con-forman estilos y conductas que se repiten de manera a-crítica. En esta situación, los ciudadanos, pasan de ser productores a ser consumidores propensos a la actuación de los impulsos más que a la mirada reflexiva de las acciones, miradas individualistas, sin una práctica crítica que se proyecte a una ética del cuidado de sí como del semejante.

[1] Ramírez Plascencia, Jorge. (2007). “Durkheim y las representaciones colectivas”, en Ibidem ant.

[2] Jodolet, Denise. (2003) Aperçus sur les méthodologies qualitatives, en: MOSCOVICI, S. Y BUSCHINI, F. (Dirs). Les Méthodes des Sciences Humaines. Paris, PUF, pp. 139-162. Traducción Noemí Graciela Murekian

[4] Banchs Rodríguez. E – Mail: mabanchs@cantv.net Artículo publicado en Internet en la web: http://webs.uvigo.es/pmayobre

 

 

 

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